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Duelos Migratorios
1ª Parte: Sobre las pérdidas y los
duelos en general
Los logros y las pérdidas son inherentes
al ser humano, así como lo son la vida y la muerte. Nuestras vidas
están jalonadas de incorporaciones y también de desapariciones. El
hombre en toda su historia se ha visto avocado a afrontar procesos de
pérdidas significativas.
Son muchas las pérdidas significativas que
continuamente tenemos en nuestra vida: pérdida de personas, de
aspectos del "sí mismo"; pérdidas del cuerpo, de objetos y animales;
pérdidas de relaciones, pérdidas ligadas con el desarrollo; pérdida de
ideales, ilusiones, intereses. Todas las pérdidas
significativas tienen sus duelos y todos los duelos tienen que ser
elaborados. Si el proceso de elaboración del duelo es ignorado,
retrasado, demorado, aparecen las complicaciones (duelo complicado).
Uno de los duelos más estudiados es el que
se genera tras la muerte de un ser querido, aunque dentro de este
acontecimiento se puede dar una tipología de situaciones muy diversas
(muertes inesperadas, suicidios, pérdidas simultáneas...) que
incorporan variantes y matices en los procesos de elaboración. A
continuación entresacaremos algunas características genéricas sobre
este tipo de duelo (por fallecimiento de un ser querido) que son
aplicables a otros tipos de duelos y que con ello nos permitirá hacer
una comparación con el duelo migratorio. Es importante establecer
esta comparación para poder comprender la complejidad del duelo
migratorio.
Los duelos son un proceso, un proceso
normal, dinámico y activo y no un estado. Se trata de un proceso
íntimo y privado, pero a la vez, público (rituales, luto, etc.). El
duelo es un proceso tendente a la reorganización y la elaboración, con
dimensiones individuales, familiares y sociales.
Los duelos tienen un componente narcisista
importante (pérdida narcisista), ya que con las pérdidas
significativas que vamos teniendo a lo largo de nuestra vida perdemos
parte de nosotros mismos. Hemos puesto tanto de nosotros en el
"objeto" (3) amado, que cuando éste ya no está, parte de nosotros se
va también. A su vez, es importante resaltar que a mayor apego, mayor
significado y mayor dolor cuando el "objeto" desaparece. Sin
embargo, hay que señalar que todas las pérdidas incorporan ganancias;
la elaboración de un duelo supone un proceso de crecimiento.
Los duelos son un pasar normal, el hombre
lleva toda la vida elaborando duelos. La humanidad lleva elaborando
duelos desde el principio de los tiempos, es por ello que estamos
preparados para afrontar este tipo de dolor. En el transcurso del
tiempo se han ido socializando las habilidades necesarias para
superarlo. Lo habitual, lo frecuente es que los duelos se elaboren
adecuadamente, solo una pequeña porción de duelos tiene complicaciones
en su proceso. La historia de cada individuo y de cada familia está
sembrada de sucesos tan frecuentes, como la llegada de nuevos miembros
o la partida de otros. Las rupturas, las muertes, las separaciones...
son pérdidas que a nivel individual y familiar necesitan ser
elaboradas.
Podríamos definir el duelo (Del latín
dolus que significa dolor, lástima, aflicción) como "la
respuesta emotiva a la pérdida de alguien o de algo. No es un
momento, no es una situación o un estado, es un proceso de
reorganización del sistema familiar, algo que tiene un comienzo y un
fin" (Pereira,1995:1). El luto (del latín lugere: llorar), es la
expresión pública del duelo, se manifiesta con signos visibles
externos, comportamientos sociales y ritos religiosos, entre otros.
En 1917 Freud, en su ensayo sobre "la
aflicción y la melancolía", define el término duelo como un "pasar
normal" frente a reacciones anormales a la pérdida (melancolía).
Afirmaba que el papel del duelo consiste en recuperar la energía
emotiva invertida en el objeto perdido para reinvertirla en los otros
apegos. Así mismo, destacaba como rasgos del duelo un profundo
abatimiento, falta de interés por el mundo exterior, menor capacidad
de amar, una inhibición de la actividad, entre otros. Estas y otras
reacciones no sólo se dan ante la muerte de un ser querido, sino ante
cualquier pérdida.
Bowlby (1983:31) lo define como el
"proceso psicológico que se pone en marcha debido a la pérdida de una
persona amada". Pangrazzi (1993), por su parte, hace el aporte de
clasificar las distintas variedades de pérdidas que se pueden tener, y
las clasifica en cinco grupos: pérdidas de personas significativas,
pérdidas de aspectos de sí mismo, pérdidas de objetos externos,
pérdidas ligadas con el desarrollo, pérdidas de objetos, de ideales,
de ilusiones. Se puede decir, con toda certeza, que cada pérdida
supone un duelo y que la intensidad del duelo no dependerá de la
naturaleza del objeto-sujeto perdido, sino del significado, del valor
que se le atribuye, es decir, de la inversión afectiva que se ha
tenido en el objeto-persona que se ha perdido. A mayor apego, mayor
dolor.
Las pérdidas por muerte (4) de un ser
querido son de las que más crisis generan; según la clasificación de
Holmes y Rahe (1972) puntúan con cien si se trata del cónyuge,
sesenta y tres si es un pariente próximo y treinta y siete si es un
amigo íntimo. El proceso de elaboración de este duelo es más lento y
durante todo el proceso se vivencia un alto nivel de sufrimiento.
Varias son las fases o etapas del duelo,
no hay acuerdo al respecto de su denominación, pero nos quedaremos con
las que mencionan algunos clásicos. Así, la doctora Klüber-Ross (2000)
(5) habla de las fases de negación, rabia, negociación, depresión y
aceptación. Por su parte Bowlby (1993.) señala las etapas de
estupefacción o shock, tristeza y dolor intenso, negociación y
búsqueda, ocultamiento y enfado, depresión-soledad y resolución.
Worden (1997) señala que hay que desarrollar las siguientes tareas
para la elaboración de un duelo: aceptar la realidad de la
pérdida, sentir el dolor de la pérdida, adaptarse al medio en el que
el fallecido está ausente, recolocar emocionalmente al fallecido.
El tránsito por estas
fases/etapas/tareas no es lineal sino que hay movimientos hacia
adelante y hacia atrás, progresiones y regresiones, a lo que Montoya
Carrasquilla (2004) denomina "la montaña rusa" en el duelo; es decir,
momentos buenos y malos, apareciendo con frecuencia, especialmente en
las fases iniciales e intermedias de este proceso las llamadas
"oleadas de angustia" o "espasmos" que son momentos de aflicción aguda
coincidentes con recuerdos, evocaciones, fechas significativas.
No siempre el proceso de afrontamiento se
lleva a cabo por igual en todas las personas, en algunos casos se dan
situaciones especiales que hay que considerar; son este tipo de casos
los que más ayuda precisan. Hay distintas clasificaciones del duelo:
Duelo Normal: aquel que transita por las distintas etapas sin quedarse
bloqueado en ninguna especialmente, que se lleva en un período de
tiempo que discurre entre uno y dos años. Duelo Crónico:
sostenimiento del dolor en forma de sufrimiento, con fuerte
sentimiento de desesperación, unido a la incapacidad de rehacer su
vida. Duelo Congelado: también llamado, inhibido, ausente,
enmascarado, evitado, reprimido. Constituye una dificultad para
desarrollo afectivo, dificultad para la expresión de las emociones,
inhibición. Duelo Exagerado: una exagerada prolongación del duelo.
Duelo Retardado: también diferido, aplazado; frecuente ante pérdidas
inesperadas, supone una inhibición inicial, una prolongación de la
negación que al tiempo puede responder de manera exagerada. Duelo
Anticipatorio: elaboración anticipada del dolor por una pérdida
previsible; es un proceso de desapego emotivo que puede favorecer el
duelo posterior y que permite, en muchos casos, vivir las relaciones
de manera más auténtica en los últimos momentos.
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