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Predictores y expresiones
sintomáticas del Duelo Migratorio
Al igual que el resto de los duelos, no
todo el mundo los vive de la misma manera, no en todas las personas
tienen la misma intensidad, no todo el mundo pasa por las mismas
vivencia. Esto depende de muchos factores: el estilo de afrontamiento,
los rasgos de personalidad, las circunstancias contextuales, las redes
sociales, etc. Sin embargo, se han descrito una serie de
circunstancias personales y sociales que, en conjunción varias de
ellas, actúan como formas de predicción de duelo migratorio. A
continuación detallamos algunas de ellas: desorientación temporal -
espacial prolongada; incomunicación con la población autóctona y
asilamiento: el aferrarse a la cultura de origen de manera rígida,
cuando el trabajo no es el soñado; dificultad para encontrar vivienda
o vivir en condiciones insalubres o hacinados, condiciones de vida
insanas, dificultad para establecer un ritmo de vida normalizado;
soledad, sentimiento de fracaso y de miedo; sentimiento de tener que
luchar para sobrevivir por estar sometido a condiciones de explotación
o humillación.
Junto con la confluencia de los factores
anteriormente señalados que actúan como predictores, habría que
señalar algunas de las expresiones sintomáticas frecuentes
cuando el duelo ya es manifiesto. Destacar, en primer lugar, y quizás
la más común y que todo el mundo conoce y percibe: la
tristeza. Es el síntoma más frecuente en situaciones de
duelo. Es diferente según las culturas. Es un estado de ánimo que
tiene que ver con lo dejado atrás, con la dificultad para conseguir el
proyecto migratorio.
"La crisis de los seis meses se me
manifestó con tristeza, mucha tristeza, con anhelos de volver, sobre
todo con mis amigos, con mi familia" (Inmigrante chileno); "La
tristeza la manifestaba callada, en silencio, a mi familia no podía
decirle nada, aguántatela, le decía que estoy bien, que estoy bien..."
(Inmigrante ecuatoriana); "Los trabajos que tuve al principio fueron
bastante difíciles; a los cinco días de estar aquí no me recuerdo muy
bien, mi mamá me decía, espera un poquito más que te habitúes, pero
yo quería salir de ahí, me desesperaba en ese piso, yo pensaba que
cuando fuera a ir al otro trabajo iba a ser más feo, porque ... era
ir interna con esa señora que tenía Alzheimer ... no era tan duro la
verdad, tenía que bañarla..., la verdad que nunca había hecho eso,
pero bueno, al final me terminé acostumbrando. Lo que no me
acostumbraba era a estar encerrada, eso de que pasaba el día, comía,
me sentaba, volvía a comer y me volvía a sentar, volvía a comer y a
dormir... la verdad es que no me acostumbraba a hacer lo mismo".
(Inmigrante ecuatoriana).
Otra expresión sintomática frecuente es el
llanto. Hay diferencias culturales a la hora de
expresar este síntoma, en algunas culturas hay una prohibición para
expresar el llanto. También hay diferencias de género, generalmente
el hombre está más estigmatizado a la hora de expresarse por medio del
llanto.
"No comía y me ponía a llorar cada
noche, lo único que hacía era llorar y llorar..." (Inmigrante
ecuatoriana).
"Yo me tapaba la cara para que mis hijos no se dieran cuenta de que lloraba" (Inmigrante peruana). "Yo como reflejaba más ese vacío, ese sentimiento era llorar; yo me decía..., a veces al niño que yo estaba cuidando, me decía... que no tendría que estar cuidando ajenos... tendría que estar con mis hijos; también pensaba que estos niños estaban dando de comer a mis hijos" (Inmigrante colombiana). "Los primeros pasos fueron bastante difíciles, lloraba muchísimo al principio porque no sabía qué estaba haciendo aquí, quería estar como estudiante en mi tierra, lo que me importaba es tener una vida, parecía que tenía una vela encendida y otra apagada" (Inmigrante ecuatoriana).
Por su parte, la culpa
suele estar asociada a la mayoría de los duelos, al menos en alguna de
sus fases. Es una expresión más ligada a la cultura occidental o
aquellas sociedades influidas por la misma. La culpa va ligada al
temor a castigo. Tiene un componente religioso importante.
"Culpa sí, quedó muchos atrás"
(Inmigrante colombiana).
La ansiedad y la
irritabilidad son expresiones frecuentes. La primera está
ligada a la lucha intensa por conseguir los objetivos propuestos; de
igual manera está ligada al miedo por los peligros, discriminaciones e
incertidumbres que se viven entorno a muchos procesos migratorios. La
ansiedad también se refleja entorno al choque cultural y al grado de
tolerancia a la frustración que tenga cada cual. La segunda
(irritabilidad), se considera como más expresable socialmente o más
negada. La irritabilidad está relacionada con la magnitud de las
frustraciones a las que se debe hacer frente. La falta de autonomía,
el tener que estar "escondiéndose", la falta de recursos económicos,
las jornadas de trabajo inacabables pueden ser generadoras de
irritabilidad.
"Las costumbres españolas eh... al
principio si, es como que tenía ira con todo y con todos, creo que una
etapa de mi vida en la que me sentía... ¿Por qué ellos tienen esto?...
¿y por qué están aquí?... ¿y por qué son blancos?... y ¿por qué son
altos?... ¿y por qué son rubios?... ¿y por qué son guapas?, ... ¿y por
qué yo no soy así?, ... ¿y por qué no tengo a mi familia y a mis
amigos?...¿y por qué no vivo como ellos? Era como una cierta rabia,
cuando salía de mi casa odiaba a todos, todos y los maldecía, maldecía
el hecho de que tengan tanta suerte y yo no" (Inmigrante peruana).
De otra parte, es frecuente la presencia
de miedo, confusión y
preocupación. El miedo está presente en buena parte del
duelo migratorio, aparece y desaparece o se aminora. Los síntomas de
confusión son frecuentes, sobre todo en los primeros momentos de
estancia en el país de acogida, no sólo por los aspectos relativos a
horarios y lugares, sino porque la pauta temporal no es la misma en
las distintas culturas. El hacer cosas diferentes, en lugares
diferentes, con personas diferentes favorece la confusión. La pérdida
de referencias ayuda en este proceso de confusión. Y las
preocupaciones tienen que ver con el alto nivel de presión que se
recibe. Generalmente, esa presión se asocia a síntomas de insomnio y
cefaleas. No siempre estas preocupaciones se pueden compartir con
personas de confianza; compartir alivia las tensiones y ordena los
pensamientos. La ausencia de una red social estable favorece las
preocupaciones excesivas y de intromisión.
"Ahora no sé, tengo miedo, porque no
sé... lo que voy hacer. No sé si me voy a quedar, no sé si me voy a
ir; tengo miedo que después me quede (llanto) sola, ese es mi miedo,
quedarme sola aquí. Hago mi vida aquí y tengo mi familia allá. Esa
soledad, no sé, no sé. Tengo todavía bastantes dudas en esa
situación". (Inmigrante ecuatoriana).
"Tenía falta de sueño, no tenía apetito, las depresiones, tú misma tienes que asumirlas; creo que aun no he salido de esto" (Inmigrante peruana) "Estoy aquí porque tengo que cuidar de mis padres, de mis hermanitos, lo que gano se los envío" (Inmigrante colombiana) "Salí de Bolivia por falta económica, tenía que irme para conseguir un techo para mis hermanos" (Inmigrante boliviano). "He perdido el ánimo, la ilusión; a veces lo que haces es sobrevivir porque tienes que ganar dinero o tratar de ahorrar y mandar y mandar..." (Inmigrante ecuatoriana). "Hoy lo que más me angustia es el tema de los papeles, siempre voy mirando para todos lados, no sé si me van a detener ya regresarme a mi país" (Inmigrante colombiana).
Una idea que está presente en todos los
duelos es el sentimiento de culpa, y en el duelo
migratorio también se manifiesta. Se corresponde con sentimientos de
dejar abandonados a los hijos de corta edad o a los padres, al cónyuge
o a personas querida. El sentimiento se agudiza cuando no se puede
estar en los momentos de mayor necesidad y la persona inmigrante
considera que éstos necesitan de su presencia física, de su atención y
de su cuidado. Los sentimientos de culpa se pueden avivar cuando la
persona inmigrante toma contacto con esas personas víctimas del
"abandono" y se produce algún tipo de reproche real o fabulado por el
propio inmigrante. El sentimiento de culpa dificulta el disfrute en
la sociedad de acogida; este sentimiento obstaculiza, limita, castra
los momentos de diversión o alegría que se puedan dar, sobre todo en
los primeros momentos de la estancia.
"Mientras ellos estén allí, estando
como están, yo no tengo derecho a nada, yo, yo no puedo..."
(Inmigrante ecuatoriana).
"Y cómo puedo yo vivir tranquila, sin mis hijos, ellos allí... (Llanto)" (Inmigrante peruana).
Junto a lo ya señalado habría que destacar
otras expresiones sintomáticas características:
- La fatiga, el
cansancio, falta de fuerza o incapacidad para seguir adelante. Cuando
la persona no es capaz de enfrentar las nuevas situaciones y elaborar
los duelos, se siente con menos energía.
Elaboración del duelo
Como en el caso de otro tipo de pérdidas,
el proceso de elaboración del duelo es lento y generalmente está
sujeto a una serie de etapas o fases. En la primera parte de este
trabajo hemos descrito algunas clasificaciones generales de esas fases
que son de aplicación al duelo migratorio, si bien como ya se ha
dicho, la recurrencia, la ambivalencia, la multiplicidad incorpora
más complejidad y dificultad al proceso.
El proceso de elaboración de este tipo de duelo depende de muchos factores. Además de tener en cuenta lo ya señalado, según Salvador (2001) influye: cómo ha elaborado la posición depresiva en su infancia, de su personalidad, de su momento vital, de la realidad externa y de las causa de la migración. Según Achotegui (2002) se observan diferencias de género, los hombres tienen una fase inicial de negación más intensa y más duradera que las mujeres. La expresión del duelo surge antes en la mujer que en el hombre. Esta circunstancia es común a otros tipos de duelo; el modelo "macho-man" parece imponer una serie de conductas aprendidas y transmitidas que agudizan las diferencias de género.
Según Achotegui (2002:15-17) en la
elaboración del duelo se ponen en marcha una serie de
mecanismos de defensa, los más utilizados son:
Después de la elaboración de los duelos,
si ésta ha sido adecuada, se produce un crecimiento y desarrollo, una
evolución de la personas. La elaboración, aun de las peores pérdidas
supone un paso hacia el futuro y una mejora de la persona. La
elaboración del duelo migratorio conlleva, pues, la integración de la
nueva situación, integrar el país de acogida con sus normas, ritos,
costumbres; sentirse parte de éste, pero no por ello olvidar el país
de origen, al contrario, incorporar su recuerdo en la vida diaria
conciliando ambas vivencias. Ciertamente esta pugna entro los orígenes
y el destino es un duelo, que implica la acomodación sin olvidar.
"He ganado en enriquecimiento
personal, de experiencias, de conocimiento" (Inmigrante colombiana).
"Ahora soy más sensible al sufrimiento ajeno, aunque esto me ha endurecido" (Inmigrante peruana). "Lo positivo de esto es la experiencia" (Inmigrante ecuatoriana). "Antes no, pero ahora me siento más de los dos países, sobre todo desde cuando mis hijas nacieron en España..." (Inmigrante peruana).
Con cada duelo ponemos en práctica nuestro
propio "estilo de afrontamiento", el cual se ha ido
construyendo poco a poco, desde el mismo momento que se tuvieron las
primeras pérdidas (el vientre y el pecho materno, el chupete... si
nos remontamos mucho). Este estilo de afrontamiento es personal, pero
está sujeto a influencias externas, por ejemplo, la cultura, que
establece parámetros de qué y cómo sentir en cada situación; o en la
familia, en la que los mayores van dejando a los más pequeños un
legado de cómo afrontar sus duelos. Sin duda, un aporte importante a
nuestro estilo de afrontamiento es la observación de cómo nuestros
mayores - especialmente nuestros padres - han afrontado sus duelos (9)
. Son múltiples y variados los estilos de afrontamiento que una
persona puede tener ante una pérdida. Lazarús (1998) ha descrito
distintos estilos, entresacamos algunos: activo, de evitación,
regresivo, planificado, de negación, auto lesivo, compulsivo, de
inhibición, de demora, de culpabilidad. A su vez, señalar que la red
social tiene un papel importante en el afrontamiento del duelo.
"Yo los bajones me los tomo con altura
de miras, y te dices, yo vine a hacer un trabajo y unos estudios, me
digo -mira lo que estás consiguiendo-, -mira que esto te va a servir
para cuando vuelvas-" (Inmigrante chileno)
"Otra motivación para mi es que estás en Europa. Cuando estás en un momento de crisis, porque vienen, si te vienen piensas que está a un paso de Holanda, que puedes ir por cien euros ida y vuelta, eso me motiva" (Inmigrante peruana). "Mi motivación es que me quedan cosas por hacer" (Inmigrante colombiana). "Cuando te llegan los malos momentos la consigna de los amigos es ¡tirar para arriba! (Inmigrante chileno.)
"Paso malos ratos, muchos casos que te
sopean, allí también los pasas, pero tienes tú familia que te puede
apoyar; acá tienes que chupártelas todas, porque regresarte después de
haber gastado tanto dinero no es nada bueno".
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