Muestra argentina celebra a la bebida más espirituosa, el mate




Associated Press

 

Desde hace siglos es el elemento unificador de los pueblos del sur de América. Ha atravesado todos los estamentos sociales y es pieza fundamental de la cultura. Mucho mérito para algo que cabe en una pequeña calabaza.

Para sus adeptos, que se cuentan de a cientos de miles, el "mate" serena el cuerpo y suaviza el espíritu, acerca a las personas y acompaña las noches de vigilia.

Típica de Argentina, Uruguay, Paraguay y el sur de Brasil, esta infusión hecha con hojas molidas de la planta de yerba a la que se agrega agua caliente, es el eje de una muestra que reúne más de 300 piezas de siete países y que hasta octubre se exhibe en un antiguo palacete donde funciona el Museo Nacional de Arte Decorativo en Buenos Aires.

"El mate es un componente muy significativo de la cultura argentina y de los países del Cono Sur", explicó Roberto Vega, organizador de la muestra "El mate en América, arte y tradición".

"Los mates exhibidos expresan épocas, estilos, historias; son la demostración de que el mate es un hábito con identidad cultural que pertenece a todas las clases sociales y que ha logrado sobrevivir a otras costumbres, como la europea ceremonia del té", agregó.

La exhibición llevó un trabajo de investigación y recopilación de cinco años e incluye cientos de calabazas y piezas de cerámica, plata u oro en las que se colocaba la yerba, decenas de bombillas que se usan para sorber la bebida, y unas vasijas llamadas "pavas hornillo" donde el agua era calentada a las brasas para alcanzar la temperatura justa y no hervir.

"El público que viene a la muestra se encuentra con una sorpresa: cómo la historia de América del Sur puede ser contada a través del mate", dijo Vega.

La yerba mate, usada desde tiempos remotos por los aborígenes paraguayos tupí-guaraníes, fue en principio atacada por los conquistadores españoles. Asociada a los ritos y las ceremonias, fue tildada de diabólica y combatida por las autoridades eclesiásticas.

Pero transcurridos algunos años los españoles comenzaron a añadir a sus hábitos la costumbre de beber la infusión de "hierba del Paraguay", nombre que recibía la yerba por aquellos años.

El mate se incorporó a las clases más altas en el Perú virreinal del siglo XVII y un siglo más tarde comenzó a circular entre los estancieros y peones de campo.

El gaucho, personaje emblemático de la pampa argentina, fue quien adoptó para siempre esta cultura que trasladó a todas las clases y regiones para asentarse entre originarios e inmigrantes como parte de la vida diaria.

Aunque en Chile fue desplazado por el té, en Perú por el café y el chocolate y en Bolivia por su costoso precio, en varias regiones de esos países aún se conserva su tradición, típica del Río de la Plata.

Entre las piezas más destacadas de la muestra se puede ver una calabaza decorada del año 1000 procedente de la Costa del Perú, algunos sacos de cuero donde se guardaba la yerba, los morteros de madera usados para picar las hojas y suntuosas "hierberas" de plata y oro donde se almacenaba la yerba junto a otras especias, como la canela, para dar sabor al mate.

También hay una salvilla --bandeja que sostenía el mate-- hecha íntegramente en filigrana de plata y un mate de oro del Potosí de 1780 con una decoración típica del rococó, todos acompañados por escenografías acordes a cada época y viejos grabados litográficos donde se advierte la presencia del mate como elemento fundamental de la cultura.

Pero los mates más admirados son los que pertenecieron a Eva Perón y al general José de San Martín, el mayor héroe patrio de Argentina y libertador de Chile y Perú.

"El mate de San Martín es rústico, despojado, es un típico mate de campaña de un militar. El de Evita es un mate hecho en Europa en porcelana y trabajado en plata labrada. Uno es el de un hombre de campo, el otro se diferencia del resto por su fuerte identidad europea", contó Vega.